Narrativa
Prosa
Muchas historias de cuyos nombres no quiero acordarme.
MicrorrelatosBernarda
Había sintonizado Radio Victoria justo en el momento en el que comenzaba El gemido de una gamba, un programa de humor que, para ella, era todo un festejo y le ayudaba a encarar la mañana con un regusto a limón y a hierbabuena que le traía recuerdos de las noches pasadas en la casa de Bernarda, donde el cansado ratón arañaba la mesa de trabajo llevado por sus manos temblorosas, pegado a sus dedos dulces de chupitos y de besos, ardiendo casi por el calor que sus latidos le imprimían a cada uno de
MicrorrelatosUn Bolso Prada, Pirata
Faltaban veinte minutos para la cita. Había un bar abierto justo enfrente del Santander. Con su mejor sonrisa entró, pidió un café y se dirigió a los servicios justo cuando se fue la luz. —No se preocupe, hay un foco de emergencia— le gritó el camarero. El foco no alumbraba más que una vela. A tientas, colgó bolso y gabardina tras la puerta y medio a oscuras se repasó los labios. Cuando llegó a la barra el café estaba frío. Lo tomó rápido echando de vez en cuando una ojeada a la entidad
MicrorrelatosCamino de Algo
El agua es de un azul metálico. Me da frío mirarla. Tiene el mismo color que sus ojos. Por eso elegí el barco, para poder decir una y otra vez, como si le mirara a la cara, que nunca más volveré a sentir el punzón de hielo con el que me hería con sólo mirarme. Se lo digo al mar, a este pedazo de océano que poco a poco me separa de todo lo que he sido y de todo lo que he vivido. No me he despedido de nadie. Ya no me queda nadie importante de quien despedirme. No voy a usar el teléfono. Simple y
MicrorrelatosCandy
Miraba caer una hoja tras otra pero mis pensamientos lejos estaban de ese movimiento ondulatorio que el aire les imprimía. Las miraba sin más. La opereta había concluido hacía media hora. Parada ante el cenotafio no podía sino preguntarme de quién había sido la idea de recrear en mármol esa especie de proceso de hominización, no sé de qué otra manera definirlo, para el perrito de Lula. Allí estaba esculpido Candy a cuatro patas, a dos patas, leyendo y paseando. A mi Candy me caía muy bien. Era
MicrorrelatosDe las Estrellas
El día le sorprendió con un amanecer lento, extraño. Una especie de pesadez flotaba en el apartamento. Palpó la cama buscándola, pero no encontró más que el vacío. Quiso continuar unos minutos en ese estado de embriaguez iluminativa que proporciona el asueto. Estaban de vacaciones en La Cala del Moral y la vida les sonreía. Eso pensaba a duermevelas, cuando de golpe, recordó la conversación que, entre copas, habían tenido la pasada noche. Sofía, con una sonrisa entre pícara y tierna, quería
MicrorrelatosDesconocido
Agosto mostraba la imagen de una isla paradisiaca. Muy refrescante, pensó, pero lo mejor era que estaba impoluto. Ninguna fecha marcada. Nada que tuviera que ser atendido por necesario e ineludible. Un mes completo para ellos dos. Luis y ella y nadie más. Arrojó el mes de julio a la papelera con tan mal tino que el papel rebotó justo en el borde y rodó hasta la librería. Fue a recogerlo cuando vio que, pegado con celo, bajo la última balda había un sobre. Contenía el DNI de un tal Alberto; pero
MicrorrelatosEl Accidente
El esparadrapo le cruzaba la mejilla izquierda y se pegaba a sus cabellos. Tenía un vago recuerdo: alguien cuyo rostro no lograba reconocer lo sacaba casi a rastras de lo que le parecieran oquedades, tumbas, jameos. Tenía el traje cubierto de tierra negra, quemada, lo mismo que las uñas. Creyó escuchar el sonido de las olas, y que magullado y confuso caminaba por la playa de Benagalbón. Creyó que se detuvo cerca de la orilla para pensar y que a pocos metros, unos jóvenes en total despiporre
MicrorrelatosEl Amigo
Tengo en la memoria, palabra por palabra, la frase completa que aquel mastuerzo de Luis me soltó a la cara, sin que yo le hubiese sacado el tema, sin haberlo apremiado con pregunta alguna. Era, o eso creía entonces, mi mejor amigo. — Venga Juan, te lo digo porque la conozco bien; Lucía y tú os haréis mucho daño, si no, al tiempo. Ya verás. Luego siguió con su café, hablando de cualquier otra cosa, como si no me hubiera herido de muerte con su veneno, con su ponzoña. La vida es puro sarcasmo,
MicrorrelatosEl Aplauso
Lidia se miró al espejo. El vestido le quedaba de maravilla. Mientras hacía cascaruletas y gárgaras para relajar mandíbula y calentar garganta, se veía en el cartel: Lidia, la jovencísima cupletista de La Cala. Sobre la fachada, tras el escenario, una gran pancarta exhibía un ruego: “Ábranse los cielos por una sonrisa verde esperanza”. Sonaron los primeros compases y la voz de Lidia fue envolviéndolo todo; primero como brisa que jugase con los cabellos de los presentes, después, como aire
MicrorrelatosEl Charco
Al día siguiente el teléfono comenzó a gotear. No lo percibí de inmediato. Un pequeño charquito a los pies de la mesita no es nada, ha podido caer el agua por algún descuido, algún vaso demasiado colmado…Se seca y basta. Pero cuando pasan los días y encuentras el suelo mojado, en cantidad cada vez más considerable, comienzas a preocuparte. A la semana el charco ocupaba toda la habitación. Bien que busqué por todas partes si alguna tubería en mal estado era la causante, búsqueda por otro lado
MicrorrelatosEl Fraude
La becaria dispuso el documento en el scanner. Un manuscrito encontrado entre las páginas de un libro de la biblioteca, donada a la administración, por el heredero de un famoso escritor local. Pasada la imagen a pantalla, la joven comenzó a leer. Se detuvo en seco. Sus ojos volaron hasta la rúbrica. ¡El documento estaba firmado por su abuela paterna! Era una carta conmovedora, en ella, solicitaba a su amante y amigo leyera atentamente los “cuentecillos” adjuntos y le diera su opinión. Se
MicrorrelatosEl hallazgo
El teniente Salcedo tomó la antiquísima N-340 para dirigirse a Villa Antiopía. Había sido llamado con urgencia por su homólogo en Rincón de la Victoria, algo inopinado, inusual, había sido encontrado en los alrededores. Durante el trayecto, Salcedo escuchaba las noticias, la sequía seguía siendo el tema recurrente desde la época de la gran catástrofe; como recurrente era el extraño fenómeno que el teniente experimentaba. Era escuchar cualquier palabra que tuviera que ver con sequedad y Salcedo
MicrorrelatosEl Mejor Poema
A primera hora de la mañana, desde mi torreta, vigilo el litoral. La playa de Torre de Benagalbón está magnífica. Bandera verde, y por ahora, pocos bañistas. Así, que aparco mis anteojos y cojo mi libreta de sonetos. Estoy atascada en el primer terceto y me invade una cierta impaciencia. Una palabra me ronda: ponderamiento. Busco en google, no existe el vocablo, la RAE no lo reconoce. El soneto sigue atascado. De pronto, en el agua, cerca de la orilla un chapoteo llama mi atención. Prismáticos
MicrorrelatosEl Olvido
Aquella alumna, la de quinto, la que se sentaba al lado de la ventana, siempre con los ojos nublados por algún ensueño. A la que siempre me dirigí, para mis adentros, como nefebilata, adjetivo con el que se incrustaría en mis recuerdos, aunque entonces yo no lo supiera. Cargaba con mil garambainas en su mochila desperdigándolas profusa sobre el pupitre antes de sacar libros y cuadernos. Qué lejos estaba yo de saber que tras esa actitud, entre despistada y soñadora, se escondía un alma
MicrorrelatosEl Robo
Todos los invitados pasaron, sin excepción, el meticuloso interrogatorio llevado a cabo por la teniente García, que después de una semana de trabajo, se encontraba con que estaba como al principio de la investigación. Como solía hacer cuando era presa de la impotencia, se marchó a galope tendido a correr por la playa. En sus auriculares se reproducían las declaraciones que los testigos dieron del aspecto del enigmático atracador. Aunque ya iban un poco ‘puestos’ cuando se perpetró el robo y la
MicrorrelatosEl Último Verano
Fue doblando el periódico sin prisas, sabía que tenía tiempo suficiente. En el horizonte pequeños puntos eran visibles, aparecían y desaparecían bajo el agua El sol dejaba su estela rojiza por las nubes. Soplaba leve la brisa de un verano que parecía despedirse, aunque lo hiciera con una sonrisa socarrona, como diciendo para sí, — la próxima vez ya veréis—. La playa hacía días que se había vaciado y las gaviotas se reunían en la arena, asustadas por el bullir del mar. Ahora los delfines eran
MicrorrelatosEmpezar por los Pies
Estás como una cabra, le decía; a lo que ella respondía siempre señalando sus pechos y entre carcajadas: sí, pero una cabra payoya. Era decir esa palabra, era el gesto desafiante de Inés, o puede que su risa, el caso es que el corazón de Pedro, como si de una perinola se tratara se ponía a mil. Esta noche te quitaré los calcetines, continúaba él bajito, apoyando los codos en la mesa; y la pasión era ya una lluvia de estrellas entre mirada y mirada, un charquito de cielo sobre el mantel, un
MicrorrelatosImprovisación
Eres la mejor cocinera, se decía. No en vano hacían cola en su chiringuito, que todos los años abría para la celebración del solsticio. En su último viaje encontró un recetario antiguo. De entre todos, había un plato que seguro haría las delicias de sus parroquianos: Cachopo malagueño. Sintió nostalgia de algas al leer la receta del lugar al que tanto le gustaba ir: Rincón de la Victoria. Quería seguir los pasos tal cual, pero… el cuaderno estaba tan deteriorado que en un punto y aparte toda
MicrorrelatosJardines por Conocer
Mi padre me contaba que mi madre pertenecía a ese tipo de personas que no encuentran su lugar en el mundo, esas tristes almas errantes abducidas por un jardín encantado, un lugar que ellas sólo creen conocer. Yo era apenas un jovenzuelo cuando se fue tras su sueño una noche de tormentas y pastillas. En un sobre me dejó su adiós y su regalo, un colgante con una enigmática inscripción: Abraxas. Dios que une la vida con la muerte. El todo. Siempre lo llevo puesto. Aquí sigue conmigo, en Torre de
MicrorrelatosLa Amiga Invisible
Estaba sentado en la terracita de Rincón de la Victoria en la que todas las tardes quedaba con Sofía, su amiga invisible. Iba por la segunda cerveza cuando a lo lejos vio a Julia, una compañera de trabajo. La sola idea de que Julia lo abordara, o peor aún, se sentara con él, fue más que suficiente para que en su organismo se desatara la reacción ya conocida y su cabeza empezara a zumbarle, así que pagó rápido y se dirigió a la farmacia donde creyó que el tensiómetro saldría disparado cual
MicrorrelatosLa Bailarina
Se levanta el telón. Apareces encerrada en una nebulosa blanca y brillante. Malla y piel a la vez. Desde tus minúsculos pies hasta tu cabeza, las estrellas danzan y se deslizan contigo en elípticas y espirales. Se agarran con sus destellos a tu ingrávido cuerpo y juegan recreando constelaciones. Yo juego a reconocerlas. Justo ahora, Casiopea puso su broche en tus senos pequeños y lejanos, dos puntos celestes inalcanzables para los que estamos a este lado del universo. El Cisne vuela sobre tu
MicrorrelatosLa Cita
Lo vi aparecer de lejos. El muy botarate llevaba una chaqueta amarilla. Sentí que la incertidumbre me comprimía el estómago; subí al tren turístico y me quité el pañuelo, la prenda de reconocimiento concertada. Para mi sorpresa, en el tren viajaba una chica con un vestido amarillo a la que “mi cita”, saludó con un guiño y, ocupando asiento a su lado, emprendió una perorata sin fin. Exaltado, comenzó a enredarse en sus propias palabras, su pasión, decía, era la mecánica cuántica. La chica debía
MicrorrelatosLa Doble
Cuando le regaló el disco había llegado con un rebujito de más. Marta se extrañó, aunque cuando vio la portada, supo que era una más de sus bromitas. Desde que le comentara haber visto a una mujer muy parecida a ella, Luis la mortificaba diciéndole que tenía el síndrome del doble. Un año de burlas. Hasta hoy, que volvió a casa antes de lo previsto. Y la vio, no exactamente idéntica, pero en su casa y con su marido. Ahora, sobre las baldosas se enfriaban los cuerpos. Se dirigió entonces al de
MicrorrelatosLa Llamada
Como si una mano invisible tirara de ella, Luisa se sumergía una y otra vez en el mismo punto, frente a la costa de Rincón de la Victoria. Ese lugar ejercía una influencia sobre ella a la que no se resistía verano tras verano. Había llegado a la conclusión de que una transformación radical se estaba produciendo allí abajo, donde el fondo marino simulaba catedrales subterráneas invisibles para analizar con esteoroscopio climático, ahora se abrían resquicios en los que algo relampagueaba. Cual
MicrorrelatosLa Lubina
Mi vida la cambió una lubina. Sí, una simple lubina, la que quedaba sobre el mostrador después de una hora de espera. Fui a limpiarla cuando el cuchillo tropezó con algo. Sin dar crédito vi un pequeño cilindro metálico en su estómago. Lo enjuague, desenrosqué el cierre y extraje un minúsculo rollo de papel. Tenía anotado un número de cuenta y una clave. Pensé que era la broma o pasatiempo de alguien que se aburría mucho. Pero, ¿y si no? Nada perdía con investigar un poco. Así que dejé los
MicrorrelatosLa Mesita de Noche
El cielo se había vuelto completamente negro a las cinco de la tarde. Mi apartamento cobró un aspecto siniestro. Me invadió la aprensión y me di cuenta de que Linda hacía rato que no ronroneaba entre mis zapatillas. La llamé con urgencia, en aquel momento necesitaba de su contacto. Sentí que la oscuridad avanzaba y que traía con ella un aire gélido y fantasmal. Nervioso, encendí la luz y puse la radio. Tenía que escuchar otra voz que no fuera la que tronaba en mi cabeza. Volví a llamar sin que
MicrorrelatosLa Sombra
Rápida, como esquivando disparos perdidos de un maligno francotirador invisible, manejaba la linterna en la oscuridad. La casona destartalada; el pomo de la puerta recomido por el óxido, el silencio envolviéndolo todo en aquel lauto edificio que, en otros tiempos, albergaría a familias de renombre. Y allí estaba ella, sola y muerta de miedo entre aquellas ruinas. Todo por una estúpida apuesta. Pensó en sus amigas, en el paseo marítimo del Rincón de la Victoria, bromeando y haciendo el tonto con
MicrorrelatosEl Galeote
Jadeante, tumbose a la sombra del saliente rocoso. La larga travesía no había hecho más que agudizar su aspecto vulpino; su mirada infeliz y artera no encontraba lugar ni acomodo donde posarse. Su garganta era un pastizal arrasado y seco. Diera mi vida por un poco de agua dulce — pensó — y una sonrisa amarga devolviole el instante en el que fuera arrojado de la galera; cuando la caída de sol tornose raro atardecer, como gran hematoma color berenjena y la boca negra, abierta del mar, acabase
MicrorrelatosOtros Futuros
Salir a buscar un fármaco puede cambiarte la vida. Me había propuesto descansar durante todo el fin de semana antes de volar hacia ese país frío y lejano en el que, por fin, tenía trabajo. Pero… una propone y la vida dispone. El domingo desperté con una jaqueca fortísima, así que salí dispuesta a recorrer el pueblo hasta encontrar la farmacia de guardia. De camino, comencé a sentir una música enigmática de una chirimía lejana que, al punto, asocié al cuento infantil. La seguí hasta la Plaza
MicrorrelatosPequeños Gestos
Cucharilla en mano, daba vueltas al café. La maniobra del churrero le había traído al presente su trabajo en la fábrica, donde había contribuido al proceso de extrusión por el que se habían creado millones de bolsas como esa que el aire arrastraba calle abajo. Justo a su lado, alguien llamaba zonzo a un joven que, libreta en mano y, sin cortarse un pelo, recitaba un poema. Le llegó el eco de los versos finales: Donde se juntan ambas amuras, lucía imponente Noctiluca. Sonrió el personaje para
MicrorrelatosPinturas Imposibles
La vida nunca está escrita. Era la frase que Pedro repetía mientras embalaba el cuadro Peces voladores escalando montañas con las vieiras rinconeras. Así lo tituló su madre, cuando habiéndolo terminado y firmado con la P de Patricia, se lo dio al hijo para que lo expusiera junto a los otros, en las paredes del bar. Caía una llovizna suave y Pedro colocó el felpudo en la entrada, su local era el paradigma de la pulcritud. Esa mañana tuvo un cliente especial. Un señor que miraba el cuadro con
MicrorrelatosPiquito de Oro
De joven, su madre le llamaba “piquito de oro”. Yo no he conocido a nadie así; que fuera capaz de hablar hasta el agotamiento con un discurso completamente vacío. Sólo él, Paco Castellón, el copiota de clase, el hijo de la mujer que siempre había sido como un hada benefactora para mí. ¡Ay, Carmela!, que voluntad la tuya, trabajando como una mula para darle estudios, para que fuera alguien. Recuerdo el día que llegó a dejar dormida a media clase, profesor incluido, con su discurso sobre Derecho
MicrorrelatosPresunto Homicida
En la acera se agolpaban los curiosos. Tenían la mirada baja; como si, conociendo a la víctima, se reprocharan no haber evitado aquel desastre. El personal de la ambulancia cubría el cuerpo de la mujer que, por su posición, debió caer desde una terraza contigua a la mía. Yo lo presenciaba todo como a través de un velo turbio. Me quité las lágrimas de un manotazo. Entonces sentí el olor de mi propia sangre. Me giré. Allí estaba él, todavía empuñando el arma. Su mirada sólo reflejaba puro terror
MicrorrelatosProcesionaria
El martes por la mañana se despertó con esa pelusilla algodonosa entre los dedos. No le dio importancia. Todavía con el último sueño entre las cejas, se metió en la ducha. Una masa de piel y cabellos quedó saturando el desagüe. Ya en el trabajo las miradas esquivas, los estornudos y el sarpullido de los compañeros debieron alertarla, se decía ahora, que llevaba tres días metida en casa, viendo cómo a su alrededor muebles y objetos se iban impregnando de un velo blanco y viscoso. Era sábado por
MicrorrelatosPuerta Cerrada
Dicen que en boca cerrada no entran moscas y que si una puerta se cierra otra se abre. Yo nunca supe estar callado, así me ha ido. En cuanto a las puertas, pocas quedan que puedan abrírseme. Soy consciente y no me preocupa, más bien me preparo para el momento, sin prisas, pero sin pausa. Lo haré a mi estilo y que los demás, si quieren saber, vayan a Salamanca. Ya tengo una edad en la que lo que no duele, aprieta; y en la que los gozos son sólo sombras. La última puerta seré yo quien la cierre.
MicrorrelatosRenacer
Con la lupa en la mano se sentó a esperar. Las juntas entre las losas estaban cambiando de color. Primero fue un gris ceniciento, después un azulado pálido, para, a los pocos minutos tornar en verde, un verde musgo bien visible. Se tumbó en el suelo para ver de cerca aquella extraña transformación. Podía oír el minúsculo movimiento de las falsas raicillas ganando espacio, podía sentir cómo latía la vida, densa y apretada abriéndose paso bajo el suelo, cuarteando el gres metódica y tenazmente.
MicrorrelatosSin Fondos
Cuando todo va mal, solo cabe esperar lo peor. Ese había sido su lema preferido y foco de la controversia que mantenía con Carlos, hasta que la vida vino a darle la razón la mañana en que, citada con el director de su banco, un cierto remusgo se anticipó a la noticia. Temblaron las flores del jarrón sobrevenidas por una especie de ataxia vegetal cuando, ya en casa, revolvió cielo y tierra buscando no sabía bien qué. Al fin, encontró la fotografía que se hicieron unos meses atrás en los jardines
MicrorrelatosUn Zapato Rojo
Entró en su casa cojeando. Todo estaba en silencio. Las ventanas abiertas. Avanzó por el pasillo con una extraña sensación en la boca del estómago. Se notaba rara. Cruzó la sala en dirección a su habitación, sobre la cama dos maletas, a falta de cerrarlas, mostraban las cosas de Ricardo y las suyas. Allí estaban las últimas compras, prendas de verano para las vacaciones. Sonrió. Se asomó al balcón y quiso llamar a Ricardo que, en la calzada, estaba postrado sobre el cuerpo de alguien. Tenía en
MicrorrelatosUna Fiesta de Locos
Entre chasquidos, chirridos y estrépito de instrumentos varios, todos ellos desacompasados como a la ocasión venía, finalizó la desarraigada polifónica alienígena, no sin que los asistentes al evento, con palmoteos espasmódicos, chiflidos y toda clase de onomatopeyas, pidieran inútilmente un bis. Bajaron de la tarima los que habían hecho de la música ese maravilloso esperpento y se anunció el siguiente número: Un remedo de teatro de cachiporra en el que el papirotazo, golpe o capón le podía
MicrorrelatosUnas Monedas
La niña tiraba de mi falda. Sus ojos suplicantes, sus mofletes sucios. Su pelo encrespado y maloliente. No era la única, una miríada de niños salían de todas partes en busca de alguna moneda. Todos idénticos. Pero aquella niña llamó mi atención, le di lo suelto que llevaba y la seguí a cierta distancia. No tardé mucho en ver al que era su jefe. Sentado en una terraza y bebiendo cerveza, un hombre trajeado y de apariencia europea recogía el “botín” que la chiquilla esparcía sobre la mesa. Al
Microrrelatos¿Soy un clon?
Ya en mi juventud, cuando se incorporó Eduardo a la pandilla, algunos de los compañeros comentaban el parecido que tenía con él. Yo observaba a Eduardo, analizaba su manera de reír, de hablar, de moverse, auscultaba sus gestos y sondeaba tantos detalles de su personalidad como me era posible. Jamás encontré un solo rasgo que me hiciese pensar que había algún parecido entre ambos. Pero insistían en que era así. Fue el comienzo de una lista de encuentros, a lo largo de los años, en distintos
MicrorrelatosAdversidad inminente
Mudose inesperadamente el día, azul y sureño en marasmo de plomizo augurio. Los campos, agostados y sedientos, oscureciéndose como si hubiera eclipse. Tornose raro atardecer, como gran hematoma color berenjena, desatando la inquieta pajarería grande algarabía sobre el exiguo pastizal. Sucedía que por estos campos transcurrían un conocido hidalgo de pálido semblante y mohín vulpino (de fama y vilipendio a partes desiguales) y su fiel escudero, con no menos fama y enemigo tenaz del ayuno. Ante la
MicrorrelatosAmor de verano
En plena convalecencia sentimental y con los pies fríos en el rebalaje, camina —con la perpetuidad de su dolor punzante— por la playa de Los Rubios, en el Rincón de la Victoria, rememorando con rabia el verano anterior; recordando a aquel mastuerzo nórdico de pelo dorado y sedoso y ojos azules. Ahora ya no lo ve con los mismos ojos, cálidos, brillantes, enamorados. En su corazón desencantado siente el sarcasmo que se le revela al pisar esa arena; el frescor del agua que ahora se le antoja
MicrorrelatosAquel sueño
Apoyado en el tronco del nogal contemplaba el llano con su envoltura de otoño. Debí quedarme profundamente dormido. Sobre mi cabeza caían una hoja tras otra pero mis pensamientos lejos de permanecer anclados a la realidad parecían deslizarse en un agujero próximo y siniestro. ¿Sería un cenotafio? Comencé a dudarlo al acercar el oído. De su profundidad me llegaban voces chillonas, estridentes, perturbadoras; una opereta bufa sin sentido en nada de lo que gritaban, o tal vez cantaban, porque
MicrorrelatosAsí es imposible
Mientras que en las calles de La Caleta el festejo iba alcanzando dimensiones perturbadoras y a mí se me iba transformando el gesto como si acabara de chupar un limón, percibía cómo el cansado ratón arañaba la mesa de trabajo. Un cansancio repetido últimamente, cada vez más inquietante. Cuando creía estar sintonizado con la escritura que iba apareciendo en la pantalla del ordenador, vuelta atrás; volver a repasar lo escrito. Avanzar en la narración se convertía en suplicio y las ideas antes
MicrorrelatosComedia del esperpento
Dos comediantes. No persiguen reconocimiento. El mejor premio, conquistar una sonrisa en el concurso de Rincón de la Victoria. Titulan su función: Lo primero que se busca es la esperanza. Sube el telón. Un hombre ataviado de anciano griego, orlado de laureles y túnica blanca. Grecas azules en el bajo y en las mangas. En el brazo izquierdo, una lira. Así completa la figura de sabio de la antigüedad. En el silencio expectante de la sala, exclama con cascaruletas nerviosas: —¡Ábranse los cielos
MicrorrelatosCongreso galáctico
Todos los representantes de la galaxia habían ejercido el derecho a alzar su voz acerca de la situación planetaria, y todos fueron escuchados en medio de un respetuoso silencio. En pleno otoño, en las afueras de Torre de Benagalbón, el primer congreso galáctico que se celebraba en nuestro planeta tocaba a su fin. En el gigantesco recinto —construido para tal fin— atronaron los vítores y aplausos cuando finalizó la desarraigada polifónica alienígena, habiéndose logrado una unanimidad jamás
MicrorrelatosDespertar a Kundalini
Amanecía en la playa Los Rubios. Habíamos estado toda la noche sumamente conversadores; la “litrona” de rebujito estaba casi vacía. A ratos nos zambullíamos en el agua para despejarnos y así reordenar las ideas, que ya comenzaban a diluirse. En una de esas incursiones en lo transcendente, mi acompañante afirmaba padecer el síndrome de Kundalini, pues se sentía incapaz de despertar su “serpiente” interior. No estaba seguro de entender lo que me estaba diciendo. Nunca había oído hablar de
MicrorrelatosDiálogo entre calcetines
Una noche, cuando en casi todas las casas de Rincón de la Victoria dormían, dos calcetines rojos iniciaron un parloteo en el interior del cajón. El derecho le decía a su pareja: — ¿Te has dado cuenta de que hace tiempo que no nos utilizan? — Por supuesto. Ayer mismo advertí murmuraciones de los demás. — Lo sé. También les oí, y sentí una gran inquietud. Los de cuadros, que éramos antiguallas; los de rayas, que desprendíamos pelusa; los de... — Sí, también sentí esa indignación cuando los de
MicrorrelatosEl aliento del sol
Nadie, en todo el hemisferio, se había percatado en el momento del suceso, que los velocísimos sistemas de comunicación planetaria se acababan de apagar. Ya fuera porque era de noche y la mayoría dormía, y que los despiertos creyeran que se trataba de una interrupción puntal, como había ocurrido otras veces, nadie en todo el hemisferio ahora en sombra, tenía conocimiento de que en el hemisferio donde lucía la luz del día, estaba teniendo lugar una catástrofe de proporciones jamás imaginadas:
MicrorrelatosEl aniversario
Abrió la puerta con todo el sigilo que le fue posible. Hoy había conseguido llegar antes del trabajo; todo el tiempo se había sentido sumamente impaciente por llegar a casa. Se había propuesto darle una sorpresa a su mujer. Era el aniversario del día en que se conocieron; lo celebraban cada año. Se querían tanto... En cada conmemoración, renovaban la promesa de amor que se hicieron el primer día. Caminó de puntillas, muy sigilosamente, hacia la salita. Sabía que la encontraría allí,
MicrorrelatosEl arquero Kyudo
Se detuvo en el claro del bosque. Identificó el Oeste. Sin dejar de mirar en esa dirección, giró el torso hacia el Norte separando los pies. Colocó la flecha sobre el arco. Tras aquietar la respiración, lo tensó orientándolo hacia el cielo. Al principio lentamente. Cuando el brazo alcanzó la máxima tensión, el arco había bajado a la posición horizontal. No apuntaba a blanco alguno. Mantenía los ojos cerrados. Sentía el pulso de sus músculos contra la perseverancia de la madera por recobrar su
MicrorrelatosEl despertar
Contemplo un lugar de ensueño. Un arroyo de agua limpia y clara transcurre apacible entre dos riberas de rocas, que los haces de luz que se filtran entre la floresta tiñen de oro anaranjado. Por su lecho se deslizan barbos colirrojos y truchas asustadizas. Gruesos troncos de alisos, fresnos y avellanos crean con sus copas una atmósfera de sombras y luces, donde se intuyen diminutas hadas confundiéndose con el polen flotante de las flores. Suenan próximos los límpidos gorjeos de los mirlos junto
MicrorrelatosEl escocés
Su nombre era Ian. En el pueblo le llamaban El Escocés. Siempre sonreía. Su vivienda la había transformado en academia donde impartía clases de inglés con el método Oxford. Entre los más jóvenes, el número de aprobados era altísimo. Los vecinos le profesaban respeto y admiración. En los cafés o tabernas que frecuentaba, siempre había alguien dispuesto a convidarle. Y estaban los curiosos que querían saber más a cerca de su país de origen y sus costumbres, aunque ya lo hubiera contado en
MicrorrelatosEl Guardián de los Secretos
El tiempo es el Guardián de todos los secretos. Así como la lámpara guarda al genio y sus atributos, la barrica atesora y ennoblece el espíritu de los caldos de la vid. Cuando la alquimia entre la uva y el roble concluye, la ciencia y el arte del bodeguero vierten en la copa el elixir tantas estaciones anhelado: el exquisito Brandy de Jerez. Me trae ahora la memoria, al caminar por las calles empedradas, entre tabancos y tabernas, el aire impregnado de efluvios que aprehendí en mi niñez en el
MicrorrelatosEl milagro del vino
Al ir a descargar la damajuana del serón que portaba la mula, le flaquearon los brazos y se estrelló contra el suelo. Una arroba de vino tinto desparramada sobre el empedrado del patio. Justo debajo estaba el aljibe de agua potable de la casa. Si el vino se filtraba, hasta el agua habría que tirarla. Un desastre completo; precisamente el día de la boda. Lo que no podía ser y acabó siendo, es que acababa de cumplirse el vaticinio que doña Encarnación le hizo a la novia: “¡Ya te lo dije! ¡No
MicrorrelatosEl mito se hizo cuento
En los confines del tiempo, en los aledaños de un territorio que ahora se conoce con el nombre de Rincón de la Victoria, puerta de la Axarquía, la leyenda se hizo mito y el mito en cuento de viejos: La transmisión oral, sin pruebas ni documentos, que habla de una extraña y aislada comunidad en la que sus habitantes “prefieren a un pequeño opresor a una pequeña oprimida”. Algunos lo consideran una abstracción (eso sí, benefactora), porque permite entrelazar tan arcaico sistema patriarcal, que
MicrorrelatosEl Rapto de Europa
Cuando Eloísa se detiene a contemplar la escultura El Rapto de Europa, frente al Fuerte Bezmiliana, sus formas voluptuosas, la sensualidad de sus volúmenes, despiertan en ella recuerdos acallados. “Virguerías de la fronda de neuronas en mi cabeza”, se dice sonriendo, complacida. Pero el regocijo se interrumpe de inmediato al recordar su pertenencia a una fe que censura el pensamiento inapropiado. Sus reflexiones se precipitan entonces en unos abismos que se le antojan catedrales subterráneas
MicrorrelatosEl sueño del Gigante
Lo que daba en llamar sueño reparador, en ocasiones devenía en despertar luminoso; en lúcida reflexión que escaneaba el pasado, y su contemplación parecía un mosaico en el que la vida toda tenía la fisionomía de un día: Las infinitas teselas sobre las que un sol desconocido reverbera con luz de incertidumbre, y cuya comprensión, al retornar a la vigilia, desafiaba mi intelecto... o mi alma; no había forma de saberlo. Algo semejante a percibir toda la vida en un pestañeo, parecido a un largo y
MicrorrelatosFraternidad
Bajaba la pendiente cantando bajito. A la espalda portaba manojos de sarmientos recién podados y salvados de la quema. Soñaba con plantarlos en el valle donde vive. Secretamente, lo llamaría ‘Arlanza’, como la comarca donde ahora se encontraba. Hermanar vides. Hermanar vinos. Hermanar tierras fértiles, como hicieran hace siglos turcos, romanos o griegos cuando trajeron la dulcísima moscatel de Alejandría a los montes de la Axarquía malagueña, donde se ubica su pequeño valle, orientado hacia el
MicrorrelatosLa casa de Leonor
Abrumada por la incertidumbre y las últimas instrucciones que recibe de la notaría en relación a la herencia de su fallecida abuela Leonor, llega al atardecer a la antigua casa. La vieja llave de hierro fundido permanece en el lugar de siempre. Peldaño a peldaño, con sigilo y cierto temor erizándole la piel, sube Elisa las escaleras. Cruje la madera. Aquel rumor familiar es parte de la personalidad de la casa, de sus recuerdos infantiles. La atemoriza el vacío reinante, la pesada penumbra y el
MicrorrelatosLa excursión
Hacíamos senderismo por una ruta de las montañas del norte. Decidimos descansar y comer junto al río que traspasaba el hayedo. Al acabar, fui a la orilla a lavar mi marmita. Con un poco de arena y agua quedaría reluciente, pensé. Mientras frotaba, unas partículas brillantes llamaron mi atención. ¿Será oro? Llamé a Pablo. Él sabía de esas cosas. Una vez estuvo bateando en un valle en Asturias con un amigo. Pablo agitó suavemente el contenido de mi marmita y exclamó: ¡Es oro! ¡Oro! ¡Somos ricos!
MicrorrelatosMadrugada aterradora
Son las siete de la mañana. Todavía falta para que en el cielo aparezca la delgada línea de luz insinuando el amanecer. Corre una brisa bastante cálida, el soplo anunciador de un nuevo día de terral*.* Camino con paso enérgico por Alameda Principal; recorrido trillado, siempre con el tiempo justo hasta la estación, en el momento preciso en el que el tren es vomitado por el túnel empujando el aire malsano. A unos doscientos metros, junto a la esquina de Tomás Heredia (uno de los accesos a la zona
MicrorrelatosMaldita hipoteca
En aquel encuentro con María, David no parecía tenerlas todas consigo. Apareció resoplando y un tanto congestionado. La amiga quiso saber de su problema. — Acabo de recibir la cuota de este mes de la hipoteca y me la han subido 200 € más; ¿te lo puedes creer? Precisamente este mes, que con el arreglo del coche me he quedado a ‘dos velas’. Estoy que muerdo las esquinas. Su amiga María tira de imaginación para intentar ayudarle: — Vale, relájate un poquito. ¿Por qué no empeñas ese reloj de oro
MicrorrelatosMeditación crepuscular
Despertó con el murmullo del rebalaje en la playa de Rincón, pero no reconoció el lugar. Le sorprendió un amanecer lento, extraño. Sintió entonces la introspección de un antiguo mantra tibetano (le era familiar esa sensación iluminativa), pero por más que profundizó en la memoria y en la imaginación, no consiguió recordar nada del día anterior, menos aún de la noche. Todo le pareció nebuloso y ajeno en el pensamiento. Absorto en su ofuscación, empezó a invadirle un sentimiento de inquietante
MicrorrelatosUn alto en el camino
Era noche cerrada. Llovía. La carretera atravesaba un denso hayedo. Luis se sentía fatigado pero no era consciente de que el sopor le estaba jalando. “Pararé en el próximo bar de carretera” se dijo. El rótulo de neón de color violeta rezaba “El Paraíso”. Luis entró. El local estaba animado. Se tomaría un buen café cargado y seguiría el viaje. Aún faltaban kilómetros. El hombre de la barra vestía impecablemente de blanco. Mientras le hacía el café, se extrañó al ver a todo el mundo acicalado,
MicrorrelatosViaje a Grecia
Cabalgar sobre un caballo blanco con las crines al viento nada tiene de particular, lo hemos visto numerosas veces. Pero que el caballo tenga alas, que yo lleve un yelmo y en la mano una espada, eso es para contarlo. Puedo ver a la gente en tierra como si fueran hormigas; los caminos y los arroyos, como las arterias de un organismo y las nubes parecen tan densas que se podría descansar sobre ellas placenteramente. Una voz de mujer me despierta: “Estimados pasajeros, vamos a aterrizar. Por favor
MicrorrelatosOcurrencias en el aula
— A ver, niños, hoy vamos a hablar de las ocurrencias. ¿Alguien tiene alguna? Fernandito levanta la mano: — Si en un vaso ponemos agua, le echamos sal y trocitos de algas tenemos un pequeño mar. — Muy bien. ¿Alguien más? Levanta la mano Sarita: — Si echamos unos fideos en el vaso de Fernandito, cuando se hinchen, parecerá un acuario lleno de peces. — Bueeno, te lo aceptamos. ¿Otro? Ahora, el turno es de Amparito: — Si llamo a mi padre y viene con su caña de pescar y se sienta delante del vaso
MicrorrelatosEl vuelo de la burbuja
Insufló aire en un aro con agua y jabón y formó una pompa suspendida en el aire. Sopló una nueva burbuja junto a la anterior. Al unirse se fundieron, como células que se reproducen. La fascinación le empujó a insuflar una burbuja tras otra, creando una cada vez mayor. Cuando la pompa se hizo lo suficientemente grande, introdujo en ella un brazo. Comprobó que no se rompía. Metió el otro brazo, la cabeza, y como no pasaba nada, acabó metiendo el cuerpo entero. En pocos segundos la burbuja empezó
MicrorrelatosNacer diferente
En el siglo de las persecuciones (todos lo son), hubieron de huir a tierras lejanas, donde tampoco se libraron de los prejuicios raciales. Nacido de padre español y madre morisca, creció sometido a miradas recelosas e invadido por la nada del ser albino. Con su actitud nefelibata, despertaba temor en unos y repulsión en otros; ser diferente en el mundo es un obstáculo para crecer, mas aún si es tierra donde se priorizan el pan y las rogativas para alcanzarlo. Mostrarse disímil en los ademanes y
MicrorrelatosNo hay mal que por bien no venga
Julia y Águeda quedan en la terraza El Paraíso para tomar café. — Hola Julia. ¿Te pasa algo? Traes una carita que da miedo. — El idiota de Fernando, que vaya faena me ha hecho esta mañana. — Pero si constantemente me dices que es una joya de marido; y que se parece al Midas ese, que todo lo vuelve oro. — Sí, reconozco que en lo suyo es bueno, el mejor diría yo, pero lo de esta mañana no tiene perdón de Dios. — Venga, mujer, seguro que no es para ponerse así; con el carácter tan afable que
MicrorrelatosPesadilla en el refugio
La noche era inminente. Opté por el refugio. Llamarle refugio me pareció excesivamente generoso: ventanas desencajadas; y faltaba una porción de la cubierta; una edificación abandonada a su suerte. Pero el cansancio podía más. Me acomodé lo mejor que pude y me dormí al instante. En el sueño, una pequeña y blanca pluma de ave se balanceaba lenta y suavemente en el aire mientras caía hacia mí, rozándome el cuello. Supe al instante (dentro del sueño) que aquello que me rozaba no era una pluma sino
MicrorrelatosPreludio
En su obsesión por entender el presente que la vida pone ante la mirada, y sin apenas darse cuenta, su mente transforma la mera reflexión en una entidad siniestra que perfora galerías bajo sus pies. Y de ese modo, imagina que el águila tuneladora analizaba su sinestesia galopante, creyendo que excavaba un túnel desde Málaga a Rincón de la Victoria para llevar hasta allí el metro. Pero la sequía ha endurecido de tal manera el subsuelo que ya no es posible diferenciar tierra y roca. En una pausa
Microrrelatos¿Qué lugares ocupa el saber?
De nada me sirvió llegar con tanta antelación a aquella sala en Rincón de la Victoria, en la que un presunto experto en salud mental nos iba a iluminar acerca de la ‘pedagogía en la enseñanza’. ¿Qué podría aprender una copiota como yo que ya no supiera, sin la más mínima voluntad necesaria para el estudio? Me había sentado en la última fila con la intención de pasar desapercibida. La resaca del fin de semana me estaba envolviendo con su modorra benefactora. El presunto entendido llegó, dando su
MicrorrelatosSalto de amor
Tras la loma de mansedumbre verde, de laderas desmayadas y temerosas amapolas, hay un jardín desterrado entre crisantemos siempre vivos y mármoles con petroglifos fatuos, inquietando eternamente al caminante perdido. En la noche, recorren sus alamedas sombras encorvadas de desconsuelo; alientos que aún no entienden su destino; tristes almas errantes abducidas por un jardín encantado, con la proclama de que habían pasado a mejor vida. Un jovenzuelo vestido de harapos con reseca sangre, busca con
MicrorrelatosSalvado por la mar
Paseando por la playa de Calaflores, revivía recuerdos de pescador. Antonio dejó la mar hace tiempo. Se detuvo cerca de la orilla para pensar. Un grupo de jóvenes gritaban en un despiporre festivo. Se sentó en la arena para reajustar la venda de su tobillo: Se había mojado el esparadrapo. Contempló entonces el horizonte con ojos errantes. La boca del túnel del Cantal le hizo rememorar el naufragio de su embarcación frente a la costa de Lanzarote: Vagó a la deriva hasta la orilla, justo delante
Microrrelatos¡Sólo quiero agua!
Optó por distanciarse de la controversia que mantenía con su madre acerca de la meteorología, ante la inminente llegada del invierno. Era consciente de que su anciana madre sufriría de ataxia si la contradecía en demasía con respecto a las lluvias que ella esperaba y no llegaban. Y así van pasando los días... secos, como el esparto y la anea puestos al sol en la era de la casa de campo en Benagalbón. El remusgo que él siente ante la inquietante falta de agua y la delicada salud de su madre,
MicrorrelatosSueños de verano
Era consciente de que la timidez —su timidez— era pésima consejera en asuntos de enamoramiento, porque hasta en sus mejores sueños sentía un temor ancestral por enredarse en sus propias palabras, su pasión preferente ante su mirada soñadora y el reencuentro, una tarde más, en su paseo por la Avenida del Mediterráneo en Rincón de la Victoria. Ella practicando deporte; él simulando estar absorto contemplando el mar, pero buscando de soslayo su presencia por todas partes. Sueños recurrentes, con
MicrorrelatosTensión amorosa
Como cada lunes, acudió a la consulta de enfermería en Benagalbón. Mientras la enfermera le colocaba el brazalete, se arrancó con un monólogo que no auguraba nada bueno. Repetía con angustia que ese era su ‘talón vulnerable’ (no le salía el nombre del héroe guerrero); que ya sabía que pasaría algún día; que el domingo supo que su novio se había liado con otra, con una amiga suya, para mayor desgracia. Tan alterada estaba, que la enfermera creyó que el tensiómetro saldría disparado cual cohete.
MicrorrelatosTrasbordo
Se recoge agosto. Algo sucede en este cielo mediterráneo. La luz se inclina sutilmente. El ánimo alegre del verano ya busca amparo en la cabaña del alma. Es la melancolía el primer aviso del otoño. Se abandona la playa y se recupera el bosque. Junto a la lumbre, contemplando tras el cristal el ocre de sus copas, se abriga el deseo de contemplar las primeras nieves del invierno.
MicrorrelatosUn intruso muy hábil
Ricardo ve un pelo en la sopa. Concluye de inmediato que es suyo: ha cocinado él y no hay nadie más en el apartamento. Sin apartar la vista del plato, recuerda que tiene la cabeza rapada. Además, se tiene por persona limpia, escrupulosa, pulcra, sobre todo en la cocina. Piensa en la posibilidad de que ese pelo estuviera dentro del sobre de pollo con fideos. Lo descarta enseguida influido por el reportaje que justo en ese momento están ofreciendo por televisión, La asepsia y el estricto control
MicrorrelatosUn misterio sin resolver
. Se trasladó a la aldea que intuyó podría ser el epicentro de las fábulas y leyendas que desde antiguo transitaban de boca en boca por la comarca. Como reportera, necesitaba conocer a toda costa la ubicación donde se producían estos hechos; ese dato era fundamental para ella. Todo cuanto consiguió acopiar fue que, «en el centro del claro de un bosque, en torno al cachopo que perdura frente a todo tipo de inclemencias, y desde una época que ya nadie recuerda, un grupo selecto de mujeres, con
MicrorrelatosUn paseo por Cala del Moral
Caminando por el rebalaje, llamó nuestra atención un agudo graznido de ave. Estaba un grupo de gaviotas en el agua haciendo contorsiones con inmersión, lo que interpretamos como gestos de aseo. Más tarde supimos que este ritual lo hacen en agua dulce, para sacudirse el salitre del mar. Con el calor estival ya en nuestras costas, sería un baño refrescante, con impaciencia, como el que íbamos a darnos al finalizar el paseo. Concluimos que el graznido provenía de un ave más pequeña y que tomamos
MicrorrelatosUna diosa luminosa
Era una embarcación procedente de Fenicia buscando la costa en noche cerrada, sin luna. Pero ahí, donde se juntan ambas amuras, lucía imponente Noctiluca, una suerte de mascarón de proa luminiscente con la imagen de la diosa Malac, a la que ofrendaban aquellos marinos y que esa noche les guiaba hacia tierra firme, hacia la playa que con el transcurrir del tiempo habría de llamarse Cala del Moral. Desde el velero en el que practicamos navegación de cabotaje, nos pareció reconocer un atardecer,
MicrorrelatosUna gaseosa peculiar
Le vi saliendo de la marisquería, en la Cala, donde nunca he entrado porque no me lo puedo permitir. Con zancadas anhelantes, el respirar rijoso, y la mirada que lo dice todo y nada, me descubrió en la otra acera, observándole. Se dirigió hacia mí de forma apresurada y con deseos evidentes de compartir lo que quiera que le estuviese sucediendo. Con la palidez en el rostro y ligeros temblores en los labios al hablar, despejó perlas de sudor de la frente con la yema del pulgar: — ¡Me acaban de
MicrorrelatosSombras en el armario
Hacía poco rato que había conseguido dormirme, o eso creía. Me despertó la tormenta. Truenos y potentes estallidos que transformaron la noche en un poderoso festival lumínico. Con el siguiente relámpago se fue la luz. Otro iluminó la habitación un instante. Lo que vi en la pared me paralizó. Perseveré en que lo que había visto no era lo que parecía ser. Las sombras son apariencias y nos producen instantes de involuntario pánico, me dije. Con el siguiente fogonazo reconocí mi abrigo colgado de
MicrorrelatosVoyerismo
Contempló el crimen a través de los visillos. Recomido por la angustia, se sintió como si estuviera esquivando disparos perdidos de un maligno francotirador invisible. Decidió que no llamaría a nadie, que su silencio sería sepulcral; reflexionó sobre las posibles consecuencias. Era conocido en la Cala por su profesión y su perfil de hombre discreto y cauto. Nada de escándalos. Al poco, sintió la necesidad imperiosa de tomarse una copa, algo fuerte que calmara su agitación. Bajó al bar próximo a
