Microrrelatos

El Rapto de Europa

Miguel Segura Martín1 min de lectura

Cuando Eloísa se detiene a contemplar la escultura El Rapto de Europa, frente al Fuerte Bezmiliana, sus formas voluptuosas, la sensualidad de sus volúmenes, despiertan en ella recuerdos acallados. “Virguerías de la fronda de neuronas en mi cabeza”, se dice sonriendo, complacida. Pero el regocijo se interrumpe de inmediato al recordar su pertenencia a una fe que censura el pensamiento inapropiado. Sus reflexiones se precipitan entonces en unos abismos que se le antojan catedrales subterráneas invisibles para analizar con estereoscopio climático, despertando en su memoria el poema de Dante; La Tumba de Antígona, en la que María Zambrano evoca los ínferos; y la bajada al inframundo de Orfeo en busca de su amada Eurídice. La transformación del pensamiento en atroz pesadilla que conduce sin contemplaciones al siniestro y oscuro báratro.

Eloísa, aturdida, reflexiona sobre el influjo que esa obra de arte posee para remover los cimientos de su alma humana.