Microrrelatos

Sueños de verano

Miguel Segura Martín1 min de lectura

Era consciente de que la timidez —su timidez— era pésima consejera en asuntos de enamoramiento, porque hasta en sus mejores sueños sentía un temor ancestral por enredarse en sus propias palabras, su pasión preferente ante su mirada soñadora y el reencuentro, una tarde más, en su paseo por la Avenida del Mediterráneo en Rincón de la Victoria. Ella practicando deporte; él simulando estar absorto contemplando el mar, pero buscando de soslayo su presencia por todas partes.

Sueños recurrentes, con la incertidumbre de no verla, o de cruzarse con ella y que le tomase por un botarate. Tras cada despertar se prometía no repetir aquel paseo junto al mar, no fuera a ocurrir que ella, sintiéndose observada, se detuviese ante él y le dejase el corazón malherido o escachifollado.

Todo esto pensaba mientras se calzaba las deportivas y revisaba su aspecto ante el espejo antes de salir.