El teniente Salcedo tomó la antiquísima N-340 para dirigirse a Villa Antiopía. Había sido llamado con urgencia por su homólogo en Rincón de la Victoria, algo inopinado, inusual, había sido encontrado en los alrededores.
Durante el trayecto, Salcedo escuchaba las noticias, la sequía seguía siendo el tema recurrente desde la época de la gran catástrofe; como recurrente era el extraño fenómeno que el teniente experimentaba. Era escuchar cualquier palabra que tuviera que ver con sequedad y Salcedo se remontaba a millones de años atrás, apareciendo en su imaginación la figura del australopiteco.
Cuando su colega le expuso el asunto lo sintió, fue escuchar la palabra huesos y Salcedo tuvo la visión, y hasta pudo sentir el perfume, de la mujer que había dejado la bolsa con la osamenta de un primate ya desaparecido: El homo sapiens.