Contemplo un lugar de ensueño. Un arroyo de agua limpia y clara transcurre apacible entre dos riberas de rocas, que los haces de luz que se filtran entre la floresta tiñen de oro anaranjado. Por su lecho se deslizan barbos colirrojos y truchas asustadizas. Gruesos troncos de alisos, fresnos y avellanos crean con sus copas una atmósfera de sombras y luces, donde se intuyen diminutas hadas confundiéndose con el polen flotante de las flores. Suenan próximos los límpidos gorjeos de los mirlos junto a una conocida melodía de arpas y flautas. Abro los ojos. ¡Vaya, las siete! ¡Hora de levantarse!
Microrrelatos
El despertar
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