Microrrelatos

¿Soy un clon?

Miguel Segura Martín1 min de lectura

Ya en mi juventud, cuando se incorporó Eduardo a la pandilla, algunos de los compañeros comentaban el parecido que tenía con él. Yo observaba a Eduardo, analizaba su manera de reír, de hablar, de moverse, auscultaba sus gestos y sondeaba tantos detalles de su personalidad como me era posible. Jamás encontré un solo rasgo que me hiciese pensar que había algún parecido entre ambos. Pero insistían en que era así.

Fue el comienzo de una lista de encuentros, a lo largo de los años, en distintos lugares de la ciudad, donde fui confundido con alguien parecido o idéntico a mí, obligado a porfiar y ofrecer pruebas de que yo no era quien esas personas decían que era.

Tantas similitudes y parecidos vehementes me llevaron a recelar una conspiración de clonaciones secretas con intenciones que se me escapaban. Imaginaba que, tal vez, de la sangre extraída en las analíticas obtenían muestras con las que después experimentaban la réplica de ciudadanos. Lejos de desenmarañar mis dudas, éstas se hicieron más tortuosas:

Porque... ¿Era yo el original o una de tantas posibles copias?