Salir a buscar un fármaco puede cambiarte la vida.
Me había propuesto descansar durante todo el fin de semana antes de volar hacia ese país frío y lejano en el que, por fin, tenía trabajo.
Pero… una propone y la vida dispone. El domingo desperté con una jaqueca fortísima, así que salí dispuesta a recorrer el pueblo hasta encontrar la farmacia de guardia. De camino, comencé a sentir una música enigmática de una chirimía lejana que, al punto, asocié al cuento infantil. La seguí hasta la Plaza Al-Ándalus. Allí estaban los músicos, junto a un estafermo, invitando a fotografiarse a los chiquillos que, con un bidente de cartón, posaban sonrientes. Entre las muchas casetas de artesanía. Una con un telar llamó mi atención. Recordé la maestría de mi abuela y me senté a probar.
Ahora voy de feria en feria, tejiendo y mostrando que otros futuros son posibles.