Microrrelatos

La Mesita de Noche

Emilia García Castillo1 min de lectura

El cielo se había vuelto completamente negro a las cinco de la tarde. Mi apartamento cobró un aspecto siniestro. Me invadió la aprensión y me di cuenta de que Linda hacía rato que no ronroneaba entre mis zapatillas. La llamé con urgencia, en aquel momento necesitaba de su contacto.

Sentí que la oscuridad avanzaba y que traía con ella un aire gélido y fantasmal. Nervioso, encendí la luz y puse la radio. Tenía que escuchar otra voz que no fuera la que tronaba en mi cabeza.

Volví a llamar sin que mi gata se diera por aludida. Mi preocupación comenzó a crecer, intuía que algo maligno pasaba en ese instante, algo que no podía definir, algo siniestro. El miedo y la angustia se apoderaron de mí.

Ya en mi habitación, un sonido indescriptible, procedente del mueble que rescaté de los contenedores me estremeció por completo.

Linda agonizaba, con las patas destrozadas y las uñas partidas por el esfuerzo. La mesita de noche, sin rastro de arañazo alguno, parecía succionar su sangre.