Microrrelatos

Pinturas Imposibles

Emilia García Castillo1 min de lectura

La vida nunca está escrita. Era la frase que Pedro repetía mientras embalaba el cuadro Peces voladores escalando montañas con las vieiras rinconeras. Así lo tituló su madre, cuando habiéndolo terminado y firmado con la P de Patricia, se lo dio al hijo para que lo expusiera junto a los otros, en las paredes del bar.

Caía una llovizna suave y Pedro colocó el felpudo en la entrada, su local era el paradigma de la pulcritud. Esa mañana tuvo un cliente especial. Un señor que miraba el cuadro con muchísima atención. — ¿Eres tú el artista? ¿Te llamas Pedro, no?—

Pedro asintió porque creía que aquello no iría a más. Pero cuando el desconocido le habló de venta y de exponer en galerías, lo invitó a conocer a la pintora.

Cerca del ventanal, sentada en una silla de ruedas y ante el caballete, Patricia seguía pintando escenas imposibles de mundos soñados.