Microrrelatos

Voyerismo

Miguel Segura Martín1 min de lectura

Contempló el crimen a través de los visillos. Recomido por la angustia, se sintió como si estuviera esquivando disparos perdidos de un maligno francotirador invisible. Decidió que no llamaría a nadie, que su silencio sería sepulcral; reflexionó sobre las posibles consecuencias. Era conocido en la Cala por su profesión y su perfil de hombre discreto y cauto. Nada de escándalos.

Al poco, sintió la necesidad imperiosa de tomarse una copa, algo fuerte que calmara su agitación. Bajó al bar próximo a la vivienda. Ocupó una de las mesas de la terraza y encendió un cigarrillo. Mientras pedía su bebida, un desconocido se sentó a la mesa de al lado. Amablemente, le pidió fuego. Al mirarle, se desconcertó, “Lo siento, pero no fumo*”.* El desconocido fijó la vista en el cigarrillo que humeaba, pensativo, elucubrando intensamente. Sacó el cuchillo de su cazadora y se lo hundió en el costado. Era martes.