Agosto mostraba la imagen de una isla paradisiaca. Muy refrescante, pensó, pero lo mejor era que estaba impoluto. Ninguna fecha marcada. Nada que tuviera que ser atendido por necesario e ineludible. Un mes completo para ellos dos. Luis y ella y nadie más. Arrojó el mes de julio a la papelera con tan mal tino que el papel rebotó justo en el borde y rodó hasta la librería.
Fue a recogerlo cuando vio que, pegado con celo, bajo la última balda había un sobre. Contenía el DNI de un tal Alberto; pero ¿por qué la fotografía era la de Luis?