Microrrelatos

La Amiga Invisible

Emilia García Castillo1 min de lectura

Estaba sentado en la terracita de Rincón de la Victoria en la que todas las tardes quedaba con Sofía, su amiga invisible.

Iba por la segunda cerveza cuando a lo lejos vio a Julia, una compañera de trabajo. La sola idea de que Julia lo abordara, o peor aún, se sentara con él, fue más que suficiente para que en su organismo se desatara la reacción ya conocida y su cabeza empezara a zumbarle, así que pagó rápido y se dirigió a la farmacia donde creyó que el tensiómetro saldría disparado cual cohete. Por suerte no fue así.

Volvió a la terraza con el monólogo entre dientes. Esa tarde le hablaría a Sofía de lo efímero de la vida y de la sutileza del refranero.

En la plaza ya no había señales de Julia. En su mesa, sólo para sus ojos, estaba Sofía. Nadie iba a estropearle la velada.