Todos los invitados pasaron, sin excepción, el meticuloso interrogatorio llevado a cabo por la teniente García, que después de una semana de trabajo, se encontraba con que estaba como al principio de la investigación.
Como solía hacer cuando era presa de la impotencia, se marchó a galope tendido a correr por la playa.
En sus auriculares se reproducían las declaraciones que los testigos dieron del aspecto del enigmático atracador. Aunque ya iban un poco ‘puestos’ cuando se perpetró el robo y la tarta gigante desapareció, antes de que los novios pudieran hacerse la emblemática foto.
Coincidían en que tenía la mirada que lo dice todo y nada en unos ojos anhelantes, caminar rijoso y parloteo ininteligible pero muy sonoro y gutural. Nada más.
La teniente García se detuvo exhausta y partida por la risa. Ante ella, en un poste, había clavado un anuncio: Chimpancé perdido en Rincón de la Victoria.