Lo que daba en llamar sueño reparador, en ocasiones devenía en despertar luminoso; en lúcida reflexión que escaneaba el pasado, y su contemplación parecía un mosaico en el que la vida toda tenía la fisionomía de un día: Las infinitas teselas sobre las que un sol desconocido reverbera con luz de incertidumbre, y cuya comprensión, al retornar a la vigilia, desafiaba mi intelecto... o mi alma; no había forma de saberlo. Algo semejante a percibir toda la vida en un pestañeo, parecido a un largo y complejo sueño sucedido en los pocos segundos que dura una cabezadita*,* y que tanto nos asombra y confunde. Y es en esta confusión, de probabilidad centrípeta, donde surge la terrible sensación de que tiempo y espacio es la misma sustancia; y que esa mesmedad podría muy bien formar parte del sueño de un Gigante que ensueña el universo al que pertenecemos.
Microrrelatos
El sueño del Gigante
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