Microrrelatos

Maldita hipoteca

Miguel Segura Martín1 min de lectura

En aquel encuentro con María, David no parecía tenerlas todas consigo. Apareció resoplando y un tanto congestionado. La amiga quiso saber de su problema.

— Acabo de recibir la cuota de este mes de la hipoteca y me la han subido 200 € más; ¿te lo puedes creer? Precisamente este mes, que con el arreglo del coche me he quedado a ‘dos velas’. Estoy que muerdo las esquinas.

Su amiga María tira de imaginación para intentar ayudarle:

— Vale, relájate un poquito. ¿Por qué no empeñas ese reloj de oro macizo que tienes y que nunca te pones? Porque es de oro ¿no? Sales del paso y más adelante lo recuperas. No es tan complicado.

— ¿Hablas en serio? —Le responde David un tanto enojado— Ese reloj es la joya de la corona. Lo heredé de mi padre; y por nada del mundo me voy a desprender de él.

— Pues nada, chico, tú mismo. Por cierto, iba ahora mismo a que me tasen unos pendientes. ¿Por qué no me acompañas y compruebas ‘in situ’ lo bien que funciona la oficina a donde voy? Ya verás con qué facilidad sales del aprieto; no te vas a arrepentir.