Insufló aire en un aro con agua y jabón y formó una pompa suspendida en el aire. Sopló una nueva burbuja junto a la anterior. Al unirse se fundieron, como células que se reproducen. La fascinación le empujó a insuflar una burbuja tras otra, creando una cada vez mayor. Cuando la pompa se hizo lo suficientemente grande, introdujo en ella un brazo. Comprobó que no se rompía. Metió el otro brazo, la cabeza, y como no pasaba nada, acabó metiendo el cuerpo entero. En pocos segundos la burbuja empezó a elevarse muy muy alto. De repente se puso a granizar.
Microrrelatos
El vuelo de la burbuja
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