La becaria dispuso el documento en el scanner. Un manuscrito encontrado entre las páginas de un libro de la biblioteca, donada a la administración, por el heredero de un famoso escritor local.
Pasada la imagen a pantalla, la joven comenzó a leer. Se detuvo en seco. Sus ojos volaron hasta la rúbrica. ¡El documento estaba firmado por su abuela paterna! Era una carta conmovedora, en ella, solicitaba a su amante y amigo leyera atentamente los “cuentecillos” adjuntos y le diera su opinión. Se nominaban los títulos enviados. Los mismos que daban nombre a las obras publicadas por el afamado novelista.