Microrrelatos

El Charco

Emilia García Castillo1 min de lectura

Al día siguiente el teléfono comenzó a gotear. No lo percibí de inmediato. Un pequeño charquito a los pies de la mesita no es nada, ha podido caer el agua por algún descuido, algún vaso demasiado colmado…Se seca y basta. Pero cuando pasan los días y encuentras el suelo mojado, en cantidad cada vez más considerable, comienzas a preocuparte.

A la semana el charco ocupaba toda la habitación. Bien que busqué por todas partes si alguna tubería en mal estado era la causante, búsqueda por otro lado ilógica porque la instalación, acometida y circuitos de la red de fontanería no abarcaba aquella salita. Pero… ante lo increíble y raro también solemos comportarnos de manera absurda.

La mañana en la que el agua superaba varios centímetros, y mi deambular por casa era todo un chapoteo, entré en pánico. Pasé horas de la sala al baño, achicando y secando hasta que no quedó una gota.

Cansada miré el calendario. Hacía un mes que te habías ido y yo aún llevaba la ropa con la que te despedí. Un mes sin ti. Toda una vida. Así estaba, echándote de menos cuando me fijé en el brillo anormal del teléfono, un brillo húmedo. Al descolgarlo vi el hilillo de agua que surgía del auricular, un leve murmullo llegó a mis oídos. Eras tú llamándome entre burbujeos. Eras tú diciéndome: — Ahora estaremos juntos para siempre, será un verano eterno, en nuestra cala favorita—

Me encontraron con los pulmones encharcados en agua de mar.