Microrrelatos

Comedia del esperpento

Miguel Segura Martín1 min de lectura

Dos comediantes. No persiguen reconocimiento. El mejor premio, conquistar una sonrisa en el concurso de Rincón de la Victoria. Titulan su función: Lo primero que se busca es la esperanza.

Sube el telón. Un hombre ataviado de anciano griego, orlado de laureles y túnica blanca. Grecas azules en el bajo y en las mangas. En el brazo izquierdo, una lira. Así completa la figura de sabio de la antigüedad. En el silencio expectante de la sala, exclama con cascaruletas nerviosas: —¡Ábranse los cielos por una sonrisa verde esperanza!—, señalando con el brazo derecho a bastidores. Primeros aplausos. La cosa promete. Surge del lateral su compañera, vestida a la usanza de cupletista antigua. Las sandalias, con plataformas de vértigo, provocan un resbalón inesperado. El público ríe; está en el bote. Más aplausos. Rueda el esperpento por las tablas. La sala se llena de optimismo; palmadas por bulerías. Baja el telón.