Mi vida la cambió una lubina. Sí, una simple lubina, la que quedaba sobre el mostrador después de una hora de espera. Fui a limpiarla cuando el cuchillo tropezó con algo. Sin dar crédito vi un pequeño cilindro metálico en su estómago. Lo enjuague, desenrosqué el cierre y extraje un minúsculo rollo de papel. Tenía anotado un número de cuenta y una clave. Pensé que era la broma o pasatiempo de alguien que se aburría mucho. Pero, ¿y si no? Nada perdía con investigar un poco. Así que dejé los fogones y aquí estoy; transfiriendo alegría a todo el barrio.
Microrrelatos
La Lubina
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