La niña tiraba de mi falda. Sus ojos suplicantes, sus mofletes sucios. Su pelo encrespado y maloliente. No era la única, una miríada de niños salían de todas partes en busca de alguna moneda. Todos idénticos. Pero aquella niña llamó mi atención, le di lo suelto que llevaba y la seguí a cierta distancia. No tardé mucho en ver al que era su jefe. Sentado en una terraza y bebiendo cerveza, un hombre trajeado y de apariencia europea recogía el “botín” que la chiquilla esparcía sobre la mesa. Al girarse lo reconocí. Era el director de mi banco.
Microrrelatos
Unas Monedas
1 min de lectura