Microrrelatos

El arquero Kyudo

Miguel Segura Martín2 min de lectura

Se detuvo en el claro del bosque. Identificó el Oeste. Sin dejar de mirar en esa dirección, giró el torso hacia el Norte separando los pies. Colocó la flecha sobre el arco. Tras aquietar la respiración, lo tensó orientándolo hacia el cielo. Al principio lentamente. Cuando el brazo alcanzó la máxima tensión, el arco había bajado a la posición horizontal. No apuntaba a blanco alguno. Mantenía los ojos cerrados. Sentía el pulso de sus músculos contra la perseverancia de la madera por recobrar su ser. Durante esos momentos sólo reflexionó acerca de la tenaz resistencia que ofrecía el arco y la presión cortante de la cuerda que sujetaban los dedos. La flecha se le antojó un mero complemento sin utilidad alguna. Finalmente cedió. La flecha se perdió entre los árboles. Cuando abrió los ojos era noche cerrada y la luz de la luna iluminaba el claro.

Regresó a la mañana siguiente para repetir la experiencia. Se sorprendió al comprobar que junto al claro, había un recio nogal de aspecto centenario. No conseguía explicarse cómo no lo vio el día anterior. Un árbol magnífico, con recias ramas semejantes a brazos fornidos que sujetaban una copa extraordinaria y tupida. Sabía, por su libro de divulgación, que el arco Yumi japonés se fabrica tradicionalmente con bambú. El que adquirió en su día era de madera de nogal. Con la despreocupación del neófito, asumió que su arco era espléndido y muy manejable. Se situó cerca del tronco. La sombra era fresca y atenuaba la luz del sol: la posición óptima para ejecutar el ejercicio. Al separar las piernas no se percató de una porción de raíz del árbol que asomaba del suelo, y perdió el equilibrio. Podría jurar que hacía solo un momento no estaba. El arco y la flecha se le cayeron de las manos al pie del tronco. Al instante, finas hebras de materia vegetal surgieron del suelo aferrándose al arco de nogal. En cuestión de segundos, la tierra absorbió al arco como si fuera agua de lluvia.

Lo que el arquero interpretó con este suceso lo desconocemos por completo. Lo que sí sabemos es que el nuevo arco que adquirió estaba hecho de bambú.