Microrrelatos

Un intruso muy hábil

Miguel Segura Martín1 min de lectura

Ricardo ve un pelo en la sopa. Concluye de inmediato que es suyo: ha cocinado él y no hay nadie más en el apartamento. Sin apartar la vista del plato, recuerda que tiene la cabeza rapada. Además, se tiene por persona limpia, escrupulosa, pulcra, sobre todo en la cocina. Piensa en la posibilidad de que ese pelo estuviera dentro del sobre de pollo con fideos. Lo descarta enseguida influido por el reportaje que justo en ese momento están ofreciendo por televisión, La asepsia y el estricto control sanitario en la producción de los alimentos.

De repente se va la luz. El salón queda sumido en profunda oscuridad. Se hace el silencio. «Está pasando un ángel», se dice. «¿Será suyo?». Ríe ante su propia ocurrencia. Pero el misterio le sigue inquietando, más, si cabe, que en el instante de servirse la sopa.

A tientas, se acerca al estante de libros para coger la linterna y nota un roce en la espalda. Algo se ha deslizado tras él velozmente. Entra en pánico, no atina con la linterna, de pronto no sabe si está donde la dejó o la cambió de sitio. «No estoy sólo», concluye. Acaba de oír pisadas sigilosas en el pasillo y el leve chirriar de la puerta. Ya siente gotas de sudor frío deslizarse desde la nuca hacia abajo. «¡Maldita linterna!», gruñe entre dientes.

Vuelve el silencio y con éste la luz. Se dirige raudo a la puerta de entrada y la encuentra entornada. Se asoma a la escalera: nada, ni asomo de presencia alguna. De vuelta en el salón inicia un examen riguroso. Todo está cerrado; todo en su sitio. ¿Todo?

Por la mañana, somnoliento, pero preparado para acudir a sus clases, abre el cajón donde guarda su cartera y el móvil. Habían desaparecido.