Microrrelatos

Una gaseosa peculiar

Miguel Segura Martín1 min de lectura

Le vi saliendo de la marisquería, en la Cala, donde nunca he entrado porque no me lo puedo permitir. Con zancadas anhelantes, el respirar rijoso, y la mirada que lo dice todo y nada, me descubrió en la otra acera, observándole. Se dirigió hacia mí de forma apresurada y con deseos evidentes de compartir lo que quiera que le estuviese sucediendo. Con la palidez en el rostro y ligeros temblores en los labios al hablar, despejó perlas de sudor de la frente con la yema del pulgar:

— ¡Me acaban de desplumar!

— ¿Es que te han atracado?

— ¡Literalmente!

— Bueno, tú ya sabías que ese establecimiento es algo caro, ¿no?

— ¡Si, pero que te cobren quinientos euros por la gaseosa...!

— ¿No habrá sido por el vino?

— ¡No, por la gaseosa; por su especial efecto sonoro al eructar, argumentaron!

Me quedé mudo. No supe qué decir. Se dio la vuelta y se fue.