El tiempo es el Guardián de todos los secretos. Así como la lámpara guarda al genio y sus atributos, la barrica atesora y ennoblece el espíritu de los caldos de la vid.
Cuando la alquimia entre la uva y el roble concluye, la ciencia y el arte del bodeguero vierten en la copa el elixir tantas estaciones anhelado: el exquisito Brandy de Jerez.
Me trae ahora la memoria, al caminar por las calles empedradas, entre tabancos y tabernas, el aire impregnado de efluvios que aprehendí en mi niñez en el barrio del Perchel.
Retales de historia dilatados por todos los caminos donde se erigen bodegas. También aquí. Probablemente, esa senda sea parecida a la que recorre el Flamenco desde los romances a las bulerías, entre el saudade meridional y la felicidad de Jerez.
¡Un brindis al Sol, al Agua y a la Tierra!