Columnas

El regreso

Miguel Segura Martín2 min de lectura

Dijo una vez un sabio: Todo lo que se va, regresa. Este hombre debía ser de Australia, por lo del bumerán.

Entre pinceladas poéticas, filosóficas y de malestar general, reflexiono acerca de este asunto con la débil esperanza de entenderlo.

Me sale al paso el poeta, cuyas palabras ya son eco en la eternidad, recordándome que nunca volveré a pisar la senda que transité, y que mi estela en la mar, otros la ocuparán. Las orcas están un poco hartas de esto y embisten embarcaciones.

El regreso. Para algunos, tristeza; para otros, alivio; para la mayoría, contabilidad dura y pura: llenar el frigo y la despensa; ventilar y limpiar la casa; retomar la cita con el dentista; y lo más sangrante: la vuelta al cole; otro regreso. En ocasiones, la suma de estos regresos, puede que cueste tanto como la partida; a veces, puede que casi tanto como una boda. No digamos ya los que se pasan meses pagando lo que ya casi se ha olvidado. Pero están las fotos; cientos de fotos que dan fe de cuanto hemos visto a través de la cámara, pero quizá no nos hayamos parado a contemplar. ¿Hay alguien que haga fotos del regreso; que documente el regreso; que comparta la felicidad del regreso?

A veces el regreso es un periplo que dura mucho, mucho tiempo y hasta lágrimas: el coche te ha dejado tirado; tu vuelo ha sido cancelado; o te pilla una huelga repentina de trenes. Si, A veces el regreso dura mucho, mucho tiempo, y si no, que se lo pregunten a Ulises, el regreso más largo que se conoce.

En mi reflexión me pregunto cuántas veces habremos de repetir el mismo ‘curso’ hasta entender, hasta comprender las palabras del sabio; éste sí, este sabio es de por aquí cerca, cuando nos dice que, “como en casa de uno en ninguna parte”. Y sientes cómo el sofá te abraza como tu mejor amigo, porque hace tiempo que no te ve.

No pasa nada. Hay que viajar; es muy civilizador; ya se pagará la deuda. Los libros, que tanto te apasionan, te observan desde la estantería con curiosidad y cierta incertidumbre; ven en tu rostro la fatiga y saben que han de tener un poco de paciencia. Y es que son tan agotadores los regresos...