Creo muy sinceramente que este apagón con apariencia distópica es un aviso para navegantes; otro más. Otra vuelta de tuerca en nuestra dependencia de la energía, una dimensión con sus dos caras: una, la luminosa, la del progreso confortable, la de ¡viva la vida!; la otra, la del ancestral miedo a la oscuridad y la necesidad de papel higiénico, aunque no haya agua; sin olvidar la optimista y siempreviva palabra de que el fin del problema nos hará mejores (?)
Ayer nos quedamos sin música y me pregunto si debería retomar la guitarra y hacer mi propia música, un sueño largamente incumplido. Hoy volvemos al jazz dulce de Chet Baker que tanto nos acompaña, y me pregunto cuánto durará. ¿Habrá que volver al walkman y desempolvar las viejas casetes, que todavía conservamos?
Cuánto y bueno se ha escrito a la luz de una vela o llamita de gas en otro tiempo, aún a costa de dañar los ojos. El ser humano siempre intentando llegar a lo más lejos; a lo más alto. Y el planeta gira que te gira —¿ajeno a nuestro desvarío?— no lo creo así. Formamos parte del universo aunque sea en forma de partícula, pero una partícula que conforma el todo. Estoy convencido de que la música es la mejor sustancia que nos acerca a la comprensión de la existencia.
El último en salir que apague la luz...