Romances en Invierno

Miguel Segura Martín

Romance del olivar

Bajo el sol, en tierra adentro,
por calles del olivar
van arrastrando sus redes,
no son gentes de la mar.
Tierra adentro mar adentro
sudoroso el cosechar.
Aceituneros tenaces,
marinos en ancha mar.
Todos en la misma nave,
fronda vasta el olivar.
Playa del Tracho fue el barco
donde aprendí el faenar,
de Jaén los olivares
donde estrené el varear.
Ilusorios horizontes
de la fronda, de la mar.
Bajo las mismas estrellas
voces del mismo cantar:
Todos en la misma nao,
verde abismo el olivar.

Romance de Nochebuena

I

Hoy, cena de Noche Buena.
Algazara persistente,
con ecos que se disuelven
en callejas convergentes.
Acaba el ruido. Las calles,
mojadas por el relente,
se han despejado a deshora
de gatos, perros y gente.
Asomado a mi ventana
veo nevar de repente,
plata se torna la noche,
silenciosa y divergente.
Campanadas de la ermita
quebrando el aire silente
reúne a los comensales
ante sus platos calientes.
Presiento el asado, el vino,
bullicios como de fuente.
Común la sangre de todos,
mas yo, turbado y ausente.

II

Alguien golpea mi puerta.
El corazón desbocado.
Aún es pronto, me digo,
eso es que se han acordado.
Con latidos en las sienes,
y el ímpetu sofocado
abro febril un resquicio
quedándome anonadado.
No es rostro que yo conozca.
Alguien que ha desatinado.
Y ahora prorrumpe el móvil
sonando desaforado,
un ¡por fin! y un ¡aleluya!
arguyo, pero han colgado.
Aplanado en la butaca
concluyo ya desolado:
la sopita hospitalaria
y táper del congelado.
Esta noche es Noche Buena
y yo un doliente allegado.