Nubarrones de equinoccio

Miguel Segura Martín

Se desluce la tarde
con un fundido lento
en pos de la oscuridad.
Se consuman los últimos gritos
de la chiquillería; los últimos estertores
de la hoja del almanaque,
que siempre oculta un mañana;
el futuro siempre predecible,
desconocido para el iluminado.
Inteligencia en stand by;
llega la reina Melatonina.

La inteligencia artificial
no se da por aludida
cuando la humana razón
de su razón desconfía.
Cibernética del debe y el haber,
autómata de la economía,
ojo vigilante del beneficio
con mandamiento de adelgazar
bolsillos y transmitir por el aire
ilusorias sensaciones
de confortable seguridad,
arguyendo que el pernil
o el aceite de la vida
no son alimentos egregios.
Érase una vez un algoritmo
en el que olvidaron añadir levadura
y su existencia se tornó ácima.
Y hubo otro en el que
no introdujeron la dosis necesaria
de confianza y libertad
y al poco, apostató.
Su inteligencia de artificio
es como la del perro amaestrado.
Cábala precisa y bien vestida
que cabalga sobre la luz
sin cuestionarse el dolor o la ruina,
sin consciencia de sí misma,
sin clarividencia ni moral.
Se suceden los equinoccios
con nubarrones enjutos de lágrimas.
con baúles dormidos en el color,
estampados de primavera triste,
pliegues de alegría enmudecida;
el negro del crespón no se rinde.
Se suceden los nubarrones como asedio
de baluarte, donde los salvoconductos
son quimeras; visados a ninguna parte.
Silencio.
En las arboledas urbanas
hay silencio de aves clamadoras.
Se ha vestido de luto la mañana.
Traje sin costuras ni patrón,
traje que se arrastra por el asfalto;
no hay público en las aceras.
Silencio, silencio.
Se viene por la avenida
un cortejo dilatado de ataúdes.
Silencio, silencio.
El rojo no lo detiene;
no lo previene el ámbar;
el verde se deshabita de esperanza.
Silencio, silencio.
Procesión sin dolientes
hacia el Palacio de hielo
Escasean las sepulturas.
Silencio, silencio.
Ya se vienen algoritmos
que predicen el próximo cortejo,
la siguiente desmesura,
la inocencia aniquilada.
Siguen los nubarrones.
Silencio, silencio.
Hágase el silencio en la taberna.
Cesen todos los motores.
Que está pasando la muerte
con su silencio solemne.
Silencio, silencio.