Mundos paralelos

Miguel Segura Martín

El mundo. Dos mundos.
En uno, acontece el tiempo
con decretos de dogmas y desamparos,
con pasatiempos de días festivos,
con la pura felicidad desertada.
Presente con lágrimas escarchadas.
Desahucios sin alma y sin osamenta.
Inquilinos de hospederías de la caridad.
Aceras invadidas por mendigos laborales
que suplican relámpagos de trabajo mal pagado;
subasta de empleadores insolentes.
Están las manos ennegrecidas demandando dádivas,
espoleados por la argucia oficial
que no invierte en miserias.
En el otro, el fotogénico,
el tiempo perdura detenido
rodeado de setos y espinos,
infranqueables, inabordables.
En sus jardines se refugian y festejan
los califas de el dorado,
urdiendo estrategias para dilatar el usufructo.
Tergiversan su imagen con paño fino.
Derrochan en caldos y exquisiteces
mientras pronuncian discursos vacíos
difundiendo los prodigios logrados
con el sacrificio universal.
Otros lobos vendrán a ocupar el territorio,
a mear sobre vuestros zapatos.
O, quién sabe,
si sobre vuestros pies desnudos.
Refugiarse en el olvido
es como poner la consciencia en salazón
para que no la molesten las moscardas
portadoras de la verdad hiriente.
Qué espinoso el trascender
la eterna somnolencia del mundo;
la pesadilla que no oculta el velo,
por más que al despertar, el sol,
resucite las facciones aprendidas.