
Los poemas de Las calles de la memoria parten de un trazado urbanístico-sentimental hacia un trazado urbanístico de denuncia. En este paseo confluyen dos voces diferenciadas; la del ayer rescatada de la memoria y la del hoy recordando.
En estos poemas están las calles de mi pueblo más ligadas a mi niñez y adolescencia. Etapas en la que tanto aprendemos.
Cuando yo era niña y aún en mi primera juventud, prácticamente se vivía en la calle. Estaba el colegio y luego la calle, el juego. Vivíamos de puertas abiertas por lo que todo lo que pasaba lo veíamos con nuestros propios ojos. Veíamos la vida y la muerte; teníamos esa cercanía; los mayores, de vez en cuando nos alejaban de los lugares que ellos consideraban no aptos para nosotros; pero hacia esos lugares volvíamos con verdadera ansia de saber.
Veíamos al cabrero, al hojalatero, a los hombres cuando volvían del trabajo. Veíamos pasar un entierro como veíamos los preparativos de una boda; se nos mostraba el sufrimiento, y también el goce de la vida.
Yo anduve por esas calles entre el asombro y la inquietud; entre la querencia y el agravio; entre el orgullo de saberme parte de aquel lugar y la tristeza por no poder hacer nada para que luciera más hermoso, menos gris, menos pobre.
Las calles de la memoria fue publicado por Libros de la Axarquía en 2021.