En un ejercicio audaz del pensamiento
y de la memoria,
he visto pasar el tiempo
de todos los tiempos,
de todas las estaciones con sus pretextos,
con sus luces ilusorias y agoreras,
posponiendo con incuria
no exenta de desvelo,
las demandas de mi ser.
El otro ser que es este
y es todos los seres,
el que habla y escucha,
el que observa y se deja observar,
y al tiempo,
es testigo de esta acción.
El que sueña y se deja soñar,
soñando que despierta,
recuperando la carne y los sentidos,
hechizado por el indefectible futuro,
que deja para mañana
lo que debió ser hecho en el pasado.
Que sueña despierto
abandonándose a viajes
por dimensiones inéditas,
de algún extraño modo familiares,
entreviendo que,
lo pendiente por imaginar,
ya está contenido
en el oscuro abismo de las miradas
de cada uno de esos seres;
del ser.