Alguien se obstina en arracimar
las cenizas del naufragio.
¿Puede escribirse un libro
sobre cómo mueren los peces con cara de asno,
enunciando la enésima incongruencia
y ser galardonado por tanta autocompasión?
Los que naufragan en la incontestable desolación,
jamás regresan para contarlo.
*
En el lento rotar de las agujas
el cielo se oscureció,
quedando desierto de milagros y de arcilla,
embaucando a la luz
por la derecha del mundo.
Queda un refulgente filamento
en el faro de las desoladas islas,
absortas con los albatros mensajeros
que migran hacia el sol,
como ángeles que añoran su destino.
*
Aborrezco el ingenio de tu prosa,
la pompa de tus tintas
(tu pregonada desolación).
Me confunden los miedos
que no me pertenecen.
Me angustia la noche
cuando se otorgan galardones
a los desvaríos.
(Admiradores de la desolación).
En esta esfera de agua y luz,
donde los solsticios perviven
con el beneplácito de las estrellas
y el sacrificio de los seres invisibles,
regalar el néctar a los
manipuladores del verso,
es como trocar en arena el agua de los pozos
que anhelan los iluminados del desierto.
*
Poeta con amistades de oficio:
Ediles o secretarios que despliegan para él
la alfombra de sus editoriales.
Depredador nihilista de su pasado,
ritualiza el ardid de la palabra
erguido como una cobra ante su presa,
complacido con el temor acre que destila.
Poeta de su tiempo; de tempo sin compás;
nocturno; hurgador de lo tenebroso;
amante de los senderos sinuosos
que descienden al submundo
de los pálidos significados.
*
Ahora pueden emularos en el verso
porque conocen el origen de vuestra desolación.
Por fin desclasifico el olvido.
El llanto infantil de la noche,
descolgándose de entre las rendijas
de la humilde tablazón,
no era más que un burdo ardid
para alterar la inflexible voluntad del futuro.
*
Sucumbieron, aunque con los ojos enfocados
hacia distintos horizontes:
Unos, hacia el corazón mismo de la desolación.
Los otros, abandonados al riguroso capricho
de la Rosa de los Vientos.
Somos la carne que circunda el mundo.
Carne que no vuelve ni resucita
porque el futuro se complace en la diversidad.
Ratón, mosca, cóndor;
planeta, asteroide o cometa.
¿Quién puede garantizar la perpetuidad del silencio?
¿Qué mueve a los legisladores
tener que argumentar sus ausencias
los fines de semana?
*
Creyeron que la esperanza
era un mosaico multicolor.
Pero sus miserias
tiñen las teselas con el color del plomo,
en porfía con los sueños carentes de rumbo,
como espadas forjadas
sobre yunque de gomaespuma.
los mártires del consumo.
La misma desesperación
que la de la bestia olvidada al pesebre;
que la del ciego recién llegado a la oscuridad:
Lugubrertad.
*
Tertulias de vanidades
entre paredes con tumores de humedad,
hostiles a la hiedra y al jazmín.
Estancia de aire enmohecido;
vientre de guitarra sin resonancia.
Tertulias. Cirujanos de cortejos y romances,
ausentes en el alma de los versos.
*
Qué serán sus almas.
A dónde irán todas
las consecuencias de sus vidas.
A dónde las risas, las iras,
los desengaños,
el porvenir tantas veces modelado,
la esperanza incumplida.
A dónde migrarán
estos otros albatros de la noche,
sin unos ojos húmedos
que certifiquen el atributo no gastado;
la malograda existencia;
la extrema delgadez de sus voluntades.
Se complace el Universo
con el gen que nos diferencia,
al tiempo que la sangre,
violenta y suburbana,
contrasta con la belleza pacífica
de los parques infantiles.
Se abandonan los odios
a la oscuridad de la venganza
en el nombre de un dios
que jamás conocerán,
porque el único dios posible,
que portan consigo,
es inmolado en el estéril sacrifico.
*
¡Espabila, que estamos en Málaga!
Se decía al llegar a Bobadilla.
Que es como la frontera
entre lo ancho y lo húmedo
cuando se regresa del foro.
Suena la consigna como un despertador
que nos devuelve
a la perturbación onírica de las mareas.
Quedan los recuerdos en suspenso
para ser vividos más adelante, tal vez,
en un pasado remoto que espera, paciente,
la última ensoñación de la mariposa.
*
Fueron labradores
a cambio de paja; pastores de lo ajeno.
Contadores de historias imposibles.
Trinidad y Domingo.
Fueron pastores de sueños.
Seres, cuya desolación,
fue como recodos de mansos arroyos,
siempre ocultos,
donde arraiga la inaudita floresta.
*
Penando, recordando,
maldiciendo, especulando,
buscando, solicitando,
esperando,
reclamando,
esperando, esperando,
recibiendo y malgastando,
maldiciendo y solicitando,
esperando.
Seguir esperando el destino delirado,
exento de lóbregos e intratables gerundios.
*
Entre dunas de despojos,
de vegetal corrompido y de lodo,
deambulan ennegrecidos, errantes,
abandonados a una suerte
de consumo vacío de atributos.
Con su sorbito de infancia ya dilapidado.
Con la inocencia sin estrenar en la retina.
Con la suerte ya echada,
disipada por las aceras,
los meninos perseveran
en la antesala del olvido
y de la cirugía infame.
*
Tras los santos encierros,
el suelo regenera su epidermis entre palmeras
y perros callejeros cansados de agua,
ajenos a la herrumbre y a las histerias.
Perfiles de plata vieja
sucumben al olvido tras las pisadas,
y los ecos de las culpas encadenadas
transitan por el asfalto como almas en pena,
como brumas inquietas,
desoladas y perdidas,
buscando a sus dueños.
*
No siempre es una Diosa quien reparte la suerte,
ni descienden haces de luz otorgando privilegios.
Como boletos de tómbola sin abrir.
Como arena blanca que oculta la brea
o el serrín que disimula los desechos de taberna,
la suerte se expande por doquier.
Juego del escondite en el que todos buscan
y algunos recuentan.
A veces,
los seres de aire a los que invocamos,
son los mismos que en la cocina
nos golpean con malicia en el codo.