He visto el asombro
en los ojos planetarios del caballo
reflejados sobre el espejo del agua
donde calma su sed.
He visto el asombro
en los ojos del perro apaleado
cuando ladea su cabeza
queriendo entender
mis pacíficas palabras y mis caricias.
He visto el asombro en el gorrión
ante la abundancia depositada en el suelo
y luego emprender el vuelo
con un trozo más pesado que él.
Me provoca el asombro
mirarme en el espejo y contemplarme
enigmático y familiar al mismo tiempo.
Veo el asombro en el niño
ante los prodigios nuestros, nuestra risa,
la nariz roja y redonda del payaso
y sus zapatos grandes.
Desde la trama que soy
en este telar de nuestras vidas,
te digo una vez más, amor mío,
que me tejes el asombro con tu risa lanzadera.