No he recibido vuestra invitación
por la regla del seis establecida,
queda pues mi soledad retenida
entre meandros de esta habitación.
Confinado y con esta extenuación
pienso en la mantelería instituida.
Mi memoria argumenta entristecida
si el buen vino estará en esta ocasión.
Gaseosa, Reserva quebrantado.
Alguien, sobre mí, tal vez se pregunte:
Y fulanito ¿es que aún no ha llegado?
Los presentes, con mohín asombrado,
gorjearán cual coral el apunte:
¡Ni el pan ni la sal para el allegado!