[{"data":1,"prerenderedAt":14},["ShallowReactive",2],{"obra-unas-monedas-microrrelato":3},{"id":4,"tipo":5,"slug":6,"title":7,"authorId":8,"authorName":9,"excerpt":10,"readingTimeMinutes":11,"year":-1,"pdfUrl":-1,"imageUrl":-1,"editorialUrl":-1,"coleccion":12,"contenido":13},"19ea3be4-0284-4972-ac95-dc0820fc282c","microrrelato","unas-monedas","Unas Monedas","emilia-garcia","Emilia García Castillo","La niña tiraba de mi falda. Sus ojos suplicantes, sus mofletes sucios. Su pelo encrespado y maloliente. No era la única, una miríada de niños salían de todas partes en busca de alguna moneda. Todos idénticos. Pero aquella niña llamó mi atención, le di lo suelto que llevaba y la seguí a cierta distancia. No tardé mucho en ver al que era su jefe. Sentado en una terraza y bebiendo cerveza, un hombre trajeado y de apariencia europea recogía el “botín” que la chiquilla esparcía sobre la mesa. Al",1,"Microrrelatos","La niña tiraba de mi falda. Sus ojos suplicantes, sus mofletes sucios. Su pelo encrespado y maloliente. No era la única, una miríada de niños salían de todas partes en busca de alguna moneda. Todos idénticos. Pero aquella niña llamó mi atención, le di lo suelto que llevaba y la seguí a cierta distancia. No tardé mucho en ver al que era su jefe. Sentado en una terraza y bebiendo cerveza, un hombre trajeado y de apariencia europea recogía el “botín” que la chiquilla esparcía sobre la mesa. Al girarse lo reconocí. Era el director de mi banco.",1786961968763]