[{"data":1,"prerenderedAt":14},["ShallowReactive",2],{"obra-la-hojarasca-columna":3},{"id":4,"tipo":5,"slug":6,"title":7,"authorId":8,"authorName":9,"excerpt":10,"readingTimeMinutes":11,"year":-1,"pdfUrl":-1,"imageUrl":-1,"editorialUrl":-1,"coleccion":12,"contenido":13},"fb6fea80-13b0-40d1-a25d-35416d93878b","columna","la-hojarasca","La Hojarasca","emilia-garcia","Emilia García Castillo","Lo siento, pero ya no sé en qué mundo vivo. Se suceden tantos despropósitos, tanta brutalidad y barbarie, hay tantas heridas abiertas en el planeta y, lo peor, parece ser que esto que llamamos ‘ser humano’ está empeñado en que siga habiéndolas, que me lleva a pensar que quizás algo se truncó en la cadena evolutiva privando a parte de la humanidad de cierto desarrollo, y que hoy por hoy, muchos de los que andan a dos patas, pertenecen a esa facción, capricho o azar de la naturaleza. Se les",3,"Columnas","Lo siento, pero ya no sé en qué mundo vivo. Se suceden tantos despropósitos, tanta brutalidad y barbarie, hay tantas heridas abiertas en el planeta y, lo peor, parece ser que esto que llamamos ‘ser humano’ está empeñado en que siga habiéndolas, que me lleva a pensar que quizás algo se truncó en la cadena evolutiva privando a parte de la humanidad de cierto desarrollo, y que hoy por hoy, muchos de los que andan a dos patas, pertenecen a esa facción, capricho o azar de la naturaleza. Se les conoce por la brutalidad, por su inhumanidad, por su falta de amor. Por robar a manos llenas desde sus despachos. No van con el mandoble en mano; tienen sus mercenarios. No son simples tironeros; son los dueños del petróleo, del gas, de la electricidad, de las armas. Acumulan riquezas y poder; esas son sus metas, sus aspiraciones, sus ideales.\n\nAsí que, yo que creía y que buenamente creo, en el devenir de un mundo justo e igualitario, en esta tarde de primavera, tengo en mi cabeza la letra de ese hermoso e irónico tango: ‘Cambalache’ y me trago mi optimismo o idealismo, o simplemente utopía como queramos llamarlo, mientras tarareo *“ Que el mundo fue y será una porquería\u002F ya lo sé…\u002F En el quinientos diez,\u002F y en el dos mil también\u002F pero que el siglo veinte,\u002F es un despliegue,\u002F de maldad insolente,\u002F ya no hay quien lo niegue…”*\n\nBien parece que el siglo veintiuno quisiera superarlo.\n\nTarareo, y como no quiero dejar mi marcapáginas en el aire, os voy a hablar de una novelita que dice mucho de lo anteriormente expuesto. Se trata de ‘La hojarasca’ de Gabriel García Márquez. La historia transcurre en Macondo, un pueblecito forjado por algunas familias en las márgenes de un río. Así nos lo cuenta el narrador: *“Después de la guerra, cuando vinimos a Macondo y apreciamos la calidad de su suelo, sabíamos que la hojarasca había de venir alguna vez, pero no contábamos con su ímpetu”.*\n\nLa hojarasca era eso, el tumulto que aparece ante las perspectivas de la ganancia. Era buena tierra y llegó la compañía bananera con todo lo demás: el tren, la electricidad, la prostitución, el juego, el alcohol… Llegaron hombres y mujeres que cambiaron la fisonomía de aquel poblado. Pero un buen día, tal como vino, la hojarasca se fue después de que la compañía bananera dejara el pueblo. ¿Y qué quedó en Macondo tras el paso de la hojarasca? Nada. Sólo el zumbido de la central eléctrica.\n\nEl final queda completamente abierto, uno de los personajes nos dirá: *“No pasará nada, lo más probable es que nadie se acuerde de lo que pasó.”* Este olvido, lejos de ser un alivio se convierte para el lector en un hecho amargo porque viene a decirnos lo poco que vale a veces la memoria colectiva; lo pronto que la colectividad puede olvidar.\n\nPues eso; el mundo está lleno de pequeños y grandes Macondos. Por ellos pasa la hojarasca, los poderosos, expoliándolo. Suelen decir que llevan buenas intenciones, pero lo cierto es que arrasan y se van.\n\n25\u002F03\u002F2022",1786961990980]