[{"data":1,"prerenderedAt":14},["ShallowReactive",2],{"obra-nubarrones-de-equinoccio-poema":3},{"id":4,"tipo":5,"slug":6,"title":7,"authorId":8,"authorName":9,"excerpt":10,"readingTimeMinutes":11,"year":-1,"pdfUrl":-1,"imageUrl":-1,"editorialUrl":-1,"coleccion":12,"contenido":13},"9c8165e5-1f0e-49a3-9a21-85fdc9ff7aa7","poema","nubarrones-de-equinoccio","Nubarrones de equinoccio","miguel-segura","Miguel Segura Martín","Se desluce la tarde con un fundido lento en pos de la oscuridad. Se consuman los últimos gritos de la chiquillería; los últimos estertores de la hoja del almanaque, que siempre oculta un mañana; el futuro siempre predecible, desconocido para el iluminado. Inteligencia en stand by; llega la reina Melatonina. La inteligencia artificial no se da por aludida cuando la humana razón de su razón desconfía. Cibernética del debe y el haber, autómata de la economía, ojo vigilante del beneficio con",2,"Poemas","Se desluce la tarde\ncon un fundido lento\nen pos de la oscuridad.\nSe consuman los últimos gritos\nde la chiquillería; los últimos estertores\nde la hoja del almanaque,\nque siempre oculta un mañana;\nel futuro siempre predecible,\ndesconocido para el iluminado.\nInteligencia en stand by;\nllega la reina Melatonina.\n\nLa inteligencia artificial\nno se da por aludida\ncuando la humana razón\nde su razón desconfía.\nCibernética del debe y el haber,\nautómata de la economía,\nojo vigilante del beneficio\ncon mandamiento de adelgazar\nbolsillos y transmitir por el aire\nilusorias sensaciones\nde confortable seguridad,\narguyendo que el pernil\no el aceite de la vida\nno son alimentos egregios.\nÉrase una vez un algoritmo\nen el que olvidaron añadir levadura\ny su existencia se tornó ácima.\nY hubo otro en el que\nno introdujeron la dosis necesaria\nde confianza y libertad\ny al poco, apostató.\nSu inteligencia de artificio\nes como la del perro amaestrado.\nCábala precisa y bien vestida\nque cabalga sobre la luz\nsin cuestionarse el dolor o la ruina,\nsin consciencia de sí misma,\nsin clarividencia ni moral.\nSe suceden los equinoccios\ncon nubarrones enjutos de lágrimas.\ncon baúles dormidos en el color,\nestampados de primavera triste,\npliegues de alegría enmudecida;\nel negro del crespón no se rinde.\nSe suceden los nubarrones como asedio\nde baluarte, donde los salvoconductos\nson quimeras; visados a ninguna parte.\nSilencio.\nEn las arboledas urbanas\nhay silencio de aves clamadoras.\nSe ha vestido de luto la mañana.\nTraje sin costuras ni patrón,\ntraje que se arrastra por el asfalto;\nno hay público en las aceras.\nSilencio, silencio.\nSe viene por la avenida\nun cortejo dilatado de ataúdes.\nSilencio, silencio.\nEl rojo no lo detiene;\nno lo previene el ámbar;\nel verde se deshabita de esperanza.\nSilencio, silencio.\nProcesión sin dolientes\nhacia el Palacio de hielo\nEscasean las sepulturas.\nSilencio, silencio.\nYa se vienen algoritmos\nque predicen el próximo cortejo,\nla siguiente desmesura,\nla inocencia aniquilada.\nSiguen los nubarrones.\nSilencio, silencio.\nHágase el silencio en la taberna.\nCesen todos los motores.\nQue está pasando la muerte\ncon su silencio solemne.\nSilencio, silencio.",1790520810833]